Nutrición

La ingesta de alimentos es una acción común que no sólo representa la nutrición del individuo. No hay que olvidar que también está conectado con aspectos culturales, psicológicos, sociales y la salud. El nexo con esta última es clara, habiéndose relacionado tanto la pérdida como la ganancia de peso con una mayor mortalidad en personas mayores de 60 años (1).

Uno de los principales problemas es la desnutrición hipoprotéica-hipocalórica, que se da cuando hay un desequilibrio entre las necesidades del cuerpo y la ingesta. Se han observado valores de desnutrición en el 30-70% de pacientes ancianos que ingresan en un hospital (2). Como consecuencia se produce una pérdida de masa muscular que favorece a su vez el desarrollo de fragilidad, discapacidad y peor pronóstico de algunas patologías (1,2). En concreto, las personas mayores sufren un mayor riesgo de desnutrición al concurrir una serie de factores causales incluidos en la figura 1. (2,3).

Figura 1. Factores de riesgo nutricionales en el paciente anciano.

Los problemas psicosociales favorecen la sensación de soledad y pueden provocar un desinterés en la alimentación. Esta problemática incluye a los problemas económicos, el aislamiento social, las hospitalizaciones, los cambios de los estilos de vida al ingresar en una institución, etc. Los problemas psiquiátricos, así como diversas patologías neurológicas como el Alzheimer también pueden influir negativamente en este aspecto, especialmente en los casos más graves.

Los problemas dentales pueden llegar a ser importantes en ocasiones, así como la disfagia. Esta última se define como la dificultad del paso de líquido o sólidos desde la boca al estómago y puede cursar con graves consecuencias. Se ha observado un riesgo de desnutrición o deshidratación en los pacientes con disfagia entorno al 30-55%, además de un riesgo elevado de broncoaspiración (4). Otros aspectos como dietas restrictivas poco atractivas, tratamientos farmacológicos que alteren los sabores o quiten el hambre, así como problemas de dependencia que dificultan el acceso a la compra o a la ingesta también pueden ser factores de riesgo de malnutrición.

Existen algunas situaciones estrechamente relacionadas con la nutrición, entre las que destacan

  • la osteoporosis
  • la insuficiencia renal
  • la comorbilidad cardiovascular

Se ha demostrado la relación entre la vitamina D y la osteoporosis. En concreto, bajos niveles de Vitamina D se relacionan con menor densidad ósea, más fracturas y riesgo de caídas (5). La vitamina D se obtiene a partir de la síntesis endógena y la ingesta con los alimentos. En muchas ocasiones estas vías de aporte son insuficientes y es necesario complementar mediante aportes externos, además de calcio, ya que se considera que son esenciales para la prevención de la osteoporosis (evidencia 1, grado de recomendación A) (5).

La insuficiencia renal es la disminución funcional de los riñones para realizar sus funciones, como es la eliminación de toxinas o el mantenimiento del equilibrio electrolítico. En caso de insuficiencia renal moderada se recomienda realizar una dieta hipoprotéica, ya que disminuye su progresión (6). Los requerimientos en estos casos oscilan entre 0,6-0,8 g de proteína por kilogramo de peso al día.

Finalmente cabe destacar la relación entre diversas comorbilidades cardiovasculares (ictus, hipertensión, diabetes, insuficiencia cardíaca) con variables de la dieta o relacionadas con la dieta (glucosa, sal, colesterol, triglicéridos, etc) (3,7-9).

 

 REFERENCIAS

1. Bamia C, Halkjaer J, Lagiou P, Trichopoulos D, Tjønneland A, Berentzen TL, Overvad K, Clavel-Chapelon F, Boutron-Ruault MC, Rohrmann S, Linseisen J, Steffen A, Boeing H, May AM, Peeters PH, Bas Bueno-de-Mesquita H, van den Berg SW, Dorronsoro M, Barricarte A, Rodriguez Suarez L, Navarro C, González CA, Boffetta P, Pala V, Hallmans G, Trichopoulou A. Weight change in later life and risk of death amongst the elderly: the European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition-Elderly Network on Ageing and Health study. J Intern Med. 2010 Aug;268(2):133-44.

2. Haute Autorité de Santé. Clinical Practice Guidelines. Nutritional support strategy for protein-energy malnutrition in the elderly. April 2007.

3. Healthy ageing. A challenge for Europe. European Comission co-funded project. The Swedish National Institute of Public Health R2006:29.

4. Rofes L, Arreola V, Almirall J, Cabré M, Campins L, García-Peris P, Speyer R, Clavé P. Diagnosis and Management of Oropharyngeal Dysphagia and Its Nutritional and Respiratory Complications in the Elderly. Gastroenterol Res Pract 2011; 2011. pii: 818979. Epub 2010 Aug 3.

5. Hanley DA, Cranney A, Jones G, Whiting SJ, Leslie WD, Cole DE, Atkinson SA, Josse RG, Feldman S, Kline GA, Rosen C; Guidelines Committee of the Scientific Advisory Council of Osteoporosis Canada. CMAJ. 2010 Sep 7;182(12):E610-8. Epub 2010 Jul 12. Vitamin D in adult health and disease: a review and guideline statement from Osteoporosis Canada.

6. Riobó P, Ortiz A. Nutrición e insuficiencia renal crónica. Nutr Hosp Supl. 2012;5(1):41-52

7. Landaeta-Díaz L, Fernández JM, Da Silva-Grigoletto M, Rosado-Alvarez D, Gómez-Garduño A, Gómez-Delgado F, López-Miranda J, Pérez-Jiménez F, Fuentes-Jiménez F. Mediterranean diet, moderate-to-high intensity training and health-related quality of life in adults with metabolic syndrome. Eur J Prev Cardiol. 2012 Apr 10. [Epub ahead of print]

8. Kesse-Guyot E, Ahluwalia N, Lassale C, Hercberg S, Fezeu L, Lairon D. Adherence to Mediterranean diet reduces the risk of metabolic syndrome: A 6-year prospective study. Nutr Metab Cardiovasc Dis. 2012 May 25. [Epub ahead of print]

9. Jones JL, Fernandez ML, McIntosh MS, Najm W, Calle MC, Kalynych C, Vukich C, Barona J, Ackermann D, Kim JE, Kumar V, Lott M, Volek JS, Lerman RH. A Mediterranean-style low-glycemic-load diet improves variables of metabolic syndrome in women, and addition of a phytochemical-rich medical food enhances benefits on lipoprotein metabolism. J Clin Lipidol. 2011 May-Jun;5(3):188-96.